No viene a cuento ahora decir qué y por qué ocurrió, pero sí que la primavera se detuvo de forma inesperada y un viento sesgado cerró puertas abriendo vías a la respiración asistida con guantes y miedo.
Daba por hecho que la vida seguiría murmurando siempre a su espalda. Quiso volver y cerciorarse de lo que estaba pensando, pero se encontró a un hombre viejo jugando con dados de tres picos. Una suerte extraña que no le permitía tener a todos sus soldados en fila, ni en pie el puente viejo de cada domingo, donde se guarecían muñecos de nieve y algunos espantapájaros.
Luego vino el tren que se llevó su entendimiento, y dejó solo el recuerdo de un yo vacío al abrigo agujereado y sucio, de un toldo que, entonces pareció, como la sábana que cubriera el cuerpo yacente durante los tres días de aquel cuento de hace dos mil años.
Los pájaros muertos no impiden que Caronte siga remando, seguro siempre de sí mismo.
#PeBoReJun20

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