Llamó y no le oyeron.
Tres veces,
más una.
Más dos.
No estaban
abiertas para nadie
las puertas de las nubes.
Y se muere de tiempo
el duende de la espera,
mientras alguien se afana
una y otra vez, y otra,
en limpiar los estantes
de cenizas que bailan
la danza de los días.
#PeBoReAug20